CUENTO

La misteriosa luz

Carla Ruiz Neira

Ilustración Jorge Díaz

Desde la ventana de su dormitorio miraba todas las noches una luz que se asomaba en el cielo casi tan grande como la luna llena.

No era la luna, eso era evidente, pero tampoco era una estrella. Ya eran cuatro o cinco noches que la luz se asomaba y se dejaba ver por su ventana.

Marisela era una niña pequeña, curiosa y traviesa que vivía en el valle de Elqui con su abuela durante la época de vacaciones escolares. Amaba visitar a su abuela en vacaciones y lo que más le gustaba hacer allí era mirar el cielo además de disfrutar de sus ricas comidas caseras. Su abuela le enseñó a observar el cielo y gracias a esa costumbre contemplativa fue que descubrió aquella misteriosa luz.

En el valle de Elqui “el cielo puede tocarse, acariciarse y olerse” decía siempre su abuela mientras tomaba su mate al atardecer, hora en que las gallinas se acostaban y los grillos despertaban, hora en que a Marisela la mandaban a lavarse las manos y la cara para tomar once con pancito amasado y queso de cabra.

Así pasaban los atardeceres, escuchando las historias que contaba su abuela mientras el cielo cambiaba de colores celestes a rojos, rosados, anaranjados y azules. “El cielo es una gran puerta al universo” le decía la abuela a Marisela.

Al acostarse a dormir la niña quedaba a solas con el cielo a través de su ventana, y así esperaba pacientemente que apareciera la luz brillante, redonda e imponente.

Un día a la hora del desayuno la pequeña le comenta a su abuela sobre la luz, le pregunta si es posible que sea una nave espacial de otro planeta.

La abuela se ríe sin parar…”si claro, un ovni podría ser, cuando lo veas nuevamente le dices al marciano conductor que se baje a saludar…”

En realidad nadie le prestaba atención a la niña cuando planteaba su hipótesis acerca de la nave espacial, “pero si el cielo es una puerta al universo, ¿ Por qué no puede entrar una nave espacial por allí?” pensaba incansablemente mientras le daba maíz a las gallinas y llevaba a pastar a las cabras.

Un día durante el atardecer, su abuela como siempre tomando mate la mandó a lavarse las manos y la cara para tomar once, mientras partía el pan sin mucho énfasis le dice a la niña, “Esta noche iremos al cerro Mamalluca en busca de esa luz”.

Marisela abrió sus ojos más grande que su propia boca y corazón, “¿Qué me dijiste abuelita?, ¿Ya me crees que la luz se asoma por mi ventana? ¿Ya me crees que es un platillo volador?”.

La abuela miró a su nieta con expresión seria y secreta ternura, la vida la había hecho dura, de pocas palabras dulces, pero en su alma el amor por su nieta la estremecía. Sin embargo exteriormente con austera actitud le contesta: “ No creo nada que mis ojos no vean Marisela, sólo te estoy diciendo que iremos al cerro Mamamalluca esta noche, tu tío Manuel pasará a buscarnos en la camioneta, así que rápido toma tu once y lava tus dientes, que si no lo haces el paseo queda hasta aquí.”

Marisela corrió, parecía que volaba, hizo todo como lo ordenó su abuela incluso tuvo tiempo de tapar el techo del gallinero con unas tablas ya que se acercaban unas nubes y viento proveniente del invierno boliviano, “el mentao terral” le llamaban por esos lugares.

Fue así como partieron rumbo a Vicuña y luego a Mamalluca, la noche estaba oscura, sin luna, ideal para observar las estrellas.

Al llegar la abuela sonríe y le dice “Marisela entraremos al Observatorio, podrás observar el cielo como si estuvieses sentada sobre una estrella.” La pequeña sonrió no esperaba tanta maravilla con sólo subir ese cerro hubiese quedado contenta, pero el observatorio era algo de verdad sensacional.

Allí recorrió en un tour astronómico impresionante, subió a la cúpula y por el inmenso telescopio podría mirar, era la hora en que la luz se posaba en su ventana y estaba segura de que ahora demostraría que se trataba de una nave espacial.

Cuando llegó su turno la subieron en un cajoncito por su pequeña estatura y lo que pudo ver no lo podía creer….quedó en silencio perpleja, aferrada al telescopio buscó con la mirada a su abuela en la oscura sala, “ Abuela mira ven, por favor mira aquí está la luz y la veo mucho mejor,¡ ya se lo que es!” La abuela que estaba atrás sentada se acercó un poco asustada…¿Qué sería la misteriosa luz potente, brillante e imponente?

Pasaron unos segundos y después de que la abuela también pudo observar, las dos mudas se abrazaron de emoción.

¿Qué era? ¿Qué crees tú?