Dos hermanos distintos pero similares

Marisela Duarte Burgos.

En un lugar no muy lejano, sino más bien cercano, vivían dos hermanos que tenían peculiares diferencias en cómo querían ciertas cosas,  Pedro por ejemplo amaba jugar fútbol con sus amigos y Vicente más bien prefería jugar  por su consola de play. Sin embargo eran similares ya que ambos amaban y disfrutaban de las mismos hobbies.

Pedro siempre corría de aquí a allá, nunca quieto siempre saltarín, y Vicente, bueno a Vicente no le gustaba hacer ningún esfuerzo en moverse.

Cada vez Vicente se hacía más y más flojo, y es que no era solo flojera sino más bien todo le aburría y le dejaba de interesar prontamente. Una vez deseaba con todas sus fuerzas un juguete de acción, sus padres se lo compraron, pero en cuanto lo sacó de su caja dejo de interesarle.

Una noche muy estrellada y helada ¡Brrrrrp! Que frío hacía!, los visitó en su pieza el hada del aburrimiento,  fuuuu! Fuuuuuu! Decía fuertemente el hada quejándose dentro de la pieza y es que todo para ella era tan aburrido que solo rezongaba, Pedro  dormitaba tan profundamente que sus ronquidos podían oírlos hasta en el siguiente pasaje así que ni cuenta se dio de la inesperada pero aburrida visita, y Vicente que estaba tan aburrido, que incluso encontraba aburrido dormirse logro verla, sin embargo cualquiera creería que le aburriría verla, pero no, primeramente pensó en las pocas posibilidades de que un hada existiese, ya se la piñizcare se dijo ¡Aucch!  Rezongo flojamente el hada aburrida, mientras bostezaba, Vicente pensó para sí que era real y se sintió maravillado ¡Era Asombro lo que sentía! La examino lentamente ya que el hada ni se movía solo rezongaba y rezongaba aburrida y ¡Splish! Splash! Desapareció tan rápido como Vicente dejó de sentirse aburrido.

Pedro aun dormía, sus ronquidos eran tan fuertes que de seguro si pasabas por fuera de su casa a las 12 de la noche, hubieses pensado que allí tenían un león enjaulado. Vicente por otra parte luego de la visita del hada del aburrimiento sentía que tenía todo un mundo por descubrir, que había tanto espacio para lo desconocido, para la ¡magía!