CUENTO

Dos ratones dientones.

Vicenjamín.

Dos ratones dientones

 

Autor: Vicenjamín

Había una vez, dos pequeños ratones, escurridizos, dispersos, inquietos y lógicamente dientones, tenían sus guaridas cerca, sin embargo jamás se había visto.

Un día de mucho sol, se encontraron en un enorme edificio de amplias paredes y techos interminables, pasillos largos y amplias ventanas, estaban desorientados y ansiosos, era la primera vez para ambos de estar entre esos muros, allí se miraron de frente y  no bastaron más que un par de frases, para darse cuenta que buscaban lo mismo, y pese a que el edificio donde estaban era enorme para sus diminutos cuerpos, sabían que aquel lugar sólo sería un paso en sus vidas... querían mucho más.

            Día a día los ratoncitos recorrían los pasillos, corrían, se escondían, reían y sufrían... así pasaban los años, curiosamente siempre le ocurrían las cosas más extrañas que te puedes imaginar (algo aún más extraño si hablamos de la vida de dos ratones).

            Ya habían recorrido cada rincón del edificio, se habían comido toda  las miguitas de pan que encontraron, y ya no quedaba alimento ni lugar nuevo por conocer, razón por la cual decidieron salir por más. Así se separaron, estuvieron un tiempo recorriendo y buscando un nuevo lugar donde los rincones fueran nuevos y las miguitas no se acabaran, buscaron y buscaron incansablemente pero solo encontraban nuevos rincones, pero el alimento siempre era escaseaba. Un buen día ambos ratoncitos entraron a una panadería y vieron desde un lugar muy oculto como un panadero  amasaba y cocinaba pan,  y así se dieron cuenta que ellos mismos podían hacer su propio pan, esperaron por la noche, tomaron solo los ingredientes necesarios y suficientes para ambos y con mucho esfuerzo hicieron pan. Y así fue como dos pequeños ratones, decidieron no buscar más migas, sino crear las propias juntos, así se acompañarían y jamás les faltaría por qué trabajar. FIN

Dos ratones dientones

 

Autor: Vicenjamín

Había una vez, dos pequeños ratones, escurridizos, dispersos, inquietos y lógicamente dientones, tenían sus guaridas cerca, sin embargo jamás se había visto.

Un día de mucho sol, se encontraron en un enorme edificio de amplias paredes y techos interminables, pasillos largos y amplias ventanas, estaban desorientados y ansiosos, era la primera vez para ambos de estar entre esos muros, allí se miraron de frente y  no bastaron más que un par de frases, para darse cuenta que buscaban lo mismo, y pese a que el edificio donde estaban era enorme para sus diminutos cuerpos, sabían que aquel lugar sólo sería un paso en sus vidas... querían mucho más.

            Día a día los ratoncitos recorrían los pasillos, corrían, se escondían, reían y sufrían... así pasaban los años, curiosamente siempre le ocurrían las cosas más extrañas que te puedes imaginar (algo aún más extraño si hablamos de la vida de dos ratones).

            Ya habían recorrido cada rincón del edificio, se habían comido toda  las miguitas de pan que encontraron, y ya no quedaba alimento ni lugar nuevo por conocer, razón por la cual decidieron salir por más. Así se separaron, estuvieron un tiempo recorriendo y buscando un nuevo lugar donde los rincones fueran nuevos y las miguitas no se acabaran, buscaron y buscaron incansablemente pero solo encontraban nuevos rincones, pero el alimento siempre era escaseaba. Un buen día ambos ratoncitos entraron a una panadería y vieron desde un lugar muy oculto como un panadero  amasaba y cocinaba pan,  y así se dieron cuenta que ellos mismos podían hacer su propio pan, esperaron por la noche, tomaron solo los ingredientes necesarios y suficientes para ambos y con mucho esfuerzo hicieron pan. Y así fue como dos pequeños ratones, decidieron no buscar más migas, sino crear las propias juntos, así se acompañarían y jamás les faltaría por qué trabajar. FIN

Había una vez, dos pequeños ratones, escurridizos, dispersos, inquietos y lógicamente dientones, tenían sus guaridas cerca, sin embargo jamás se había visto.

Un día de mucho sol, se encontraron en un enorme edificio de amplias paredes y techos interminables, pasillos largos y amplias ventanas, estaban desorientados y ansiosos, era la primera vez para ambos de estar entre esos muros, allí se miraron de frente y  no bastaron más que un par de frases, para darse cuenta que buscaban lo mismo, y pese a que el edificio donde estaban era enorme para sus diminutos cuerpos, sabían que aquel lugar sólo sería un paso en sus vidas... querían mucho más.

            Día a día los ratoncitos recorrían los pasillos, corrían, se escondían, reían y sufrían... así pasaban los años, curiosamente siempre le ocurrían las cosas más extrañas que te puedes imaginar (algo aún más extraño si hablamos de la vida de dos ratones).

            Ya habían recorrido cada rincón del edificio, se habían comido toda  las miguitas de pan que encontraron, y ya no quedaba alimento ni lugar nuevo por conocer, razón por la cual decidieron salir por más. Así se separaron, estuvieron un tiempo recorriendo y buscando un nuevo lugar donde los rincones fueran nuevos y las miguitas no se acabaran, buscaron y buscaron incansablemente pero solo encontraban nuevos rincones, pero el alimento siempre era escaseaba. Un buen día ambos ratoncitos entraron a una panadería y vieron desde un lugar muy oculto como un panadero  amasaba y cocinaba pan,  y así se dieron cuenta que ellos mismos podían hacer su propio pan, esperaron por la noche, tomaron solo los ingredientes necesarios y suficientes para ambos y con mucho esfuerzo hicieron pan. Y así fue como dos pequeños ratones, decidieron no buscar más migas, sino crear las propias juntos, así se acompañarían y jamás les faltaría por qué trabajar.