Corazones de papel

Marisela Duarte Burgos

En la espesura de la noche, en una noche salvaje y oscura, corría desesperadamente Josefa, su cabello rubio apenas era distinguible en la negrura de la noche, iba envuelta en una manta de dormir, cuyas franjas rosadas y colores amarillos la protegían por la noche de las peores pesadillas que podía tener.

¡Corre Josefa!, ¡Corre! Le susurraba una voz misteriosa que se entremezclaba con los sonoros latidos de su corazón. Josefa sudorosa y cansada no dejaba de correr bordeaba los cerros con sus pies, aprovechando cada arruga y pliegue de la montaña.

Corría y corría montaña abajo sabiendo que a pocos metros venía hirviendo en ira el maloncho, y es que al principio Maloncho no era malo, Josefa lo había creado una  oscura y fría noche de invierno como protector de sus sueños y castigador de sus peores pesadillas, lo imagino con una gigante silueta, de oscuros colores, con grandes colmillos y unas garras que casi podía arrastrar entre sus manos, lo invento con fríos sentimientos para que no tuviera compasión con ninguna de sus malas y aterradoras pesadillas.

Bajaba velozmente entre las piedras como un saltamonte. Y muy cerca del río perdió por un momento a Maloncho entre el barro negro y la lama verde de los charcos. Su manta estaba manchada y había perdido todos aquellos colores que la identificaban y protegían de los malos pensamientos y las aterradoras pesadillas de cada noche.

Y es que en algún momento Maloncho fue el guardián de todos los buenos sueños de Josefa y ahuyentador de las peores pesadillas, hasta aquella noche en que Josefa se soñó a sí misma como su enemiga, despertó en la mitad de la noche con grandes crujidos en su cuarto, de un salto salió de la cama al ver a Maloncho hecho realidad, se escabullo por la ventana y hecho a correr.

Era imposible razonar o hablar con Maloncho, Josefa lo había creado de fríos sentimientos, sin compasión, ¡Splash! Sonó fuertemente en el charco ya la había descubierto, Josefa rápidamente corrió ahora montaña arriba a buscar refugio en su casa y alguna solución.

Entro rápidamente por la ventana y se metió debajo de las sábanas de su cama, pero ya era tarde Maloncho estaba a centímetros de Josefa, sin pensarlo tomo de su mesita de noche un lápiz y su cuaderno de dibujos, dibujo un gran corazón rojo y lo aventó al pecho de Maloncho quien cayó desplomado encima de Josefa. Josefa no podía respirar bajo ese gran monstruo que ahora estaba inmóvil, solo faltaron unos segundos para que volviese a despertar, aterrada estaba Josefa mientras lentamente el monstruo se reincorporaba hasta formar una aterradora silueta en la espesura del negro de la noche, Josefa estaba inmóvilmente aterrada, ¡Abrázalo! Le susurro suavemente la misteriosa voz, pero con los fuertes latidos de su corazón era casi imperceptible,  mientras Maloncho seguía acercándose, y Josefa continuaba inmóvil, ¡Abrázalo! Grito ahora la voz misteriosa, y Josefa cerro fuertemente sus ojos y rodeo con sus pequeños brazos a Maloncho, los grandes y pesados brazos de Maloncho empezaron a rodear el frágil y pequeño cuerpo de Josefa, fuertemente dejándola casi sin respiración, ¡Auch! Se quejó fuertemente Josefa. Maloncho se alejó abrió grande su aterradora boca de colmillos y le respondió ¡Lo siento!, Josefa no podía creerlo aquel aterrador monstruo que ella había creado ahora tenía sentimientos. Josefa ahora tenía grandes planes para él.