El secreto de Benjamín.

Isabel Gajardo Ortiz.

  Estaba inseguro., dudaba si contarle a mi madre o a  mis amigos lo que me había ocurrido, pero temía que la situación terminaría por volverme loco a mí

    Todo empezó hace más o menos dos semanas, cuando no quise ir al colegio, pues mi mamá no alcanzó a comprarme unos útiles que me había solicitado la profesora de de Artes Plásticas . Debía llevar para esa clase una témpera de doce colores, un block grande de dibujo y tres pinceles de diferentes números.

       La verdad era que mi mamá no tenía dinero para comprarme los útiles, pues mi padre  que vive en el norte, exactamente en Alto Hospicio  quedó cesante .  El trabajaba en una mina de cobre en Calama , y a pesar de  que recuerdo que  solo lo vi una vez ,cuando tenía cuatro años, siempre  le enviaba a mi mamá dinero o alimentos para nosotros dos.

      Ese  día que tenía clases de Arte Plásticas, salí de la casa pensando como lo haría para no ir al colegio, y mientras  pensaba  y avanzaba se me ocurrió subirme al primer bus que encontrara en el paradero .Llegó un bus que iba en dirección al Valle de Elqui y le hice señas al chofer. Subí y al preguntarme a donde iba les dije que  me bajaría cerca de Algarrobito

   Al bajar a la entrada de ese pueblo,   empecé a caminar  sin rumbo hasta llegar  a un camino que parecía llegar a las faldas de un cerro, seguí avanzando  y terminé cansado  en un pequeño bosque

donde me tendí a descansar. Abrí mi mochila y empecé a devorar la colación que mi mamá me prepara  siempre , un pan con mantequilla y mortadela y una cajita de leche descremada.

   El cansancio me pasó la cuenta y me dieron deseos de dormir. Me acomodé bien en un lugar con bastante pasto y bien sombreado para evitar el calor del sol. Creo que habría dormido más o menos unas dos horas, cuando un gran ruido, como una especie de silbido musical muy intenso me despertó. Miré asustado a mí alrededor y una luz suave de color celeste empezó a iluminar el lugar donde estaba. Quedé  como paralizado de susto  y al reaccionar observé en el cielo, muy cerca del lugar donde estaba, una  especie  de nave giratoria que desprendía luces de varios colores y me di cuenta que el silbido musical que me despertó provenía de esa nave que permanecía quieta encima mío . Sin querer,  mi vista se dirigió hacia el suelo y ante mi sorpresa  contemplo  dos  figuras con forma humana, diminuta como del tamaño de un  niño de  cuatro o cinco años. No sé porque no les tuve temor  y avancé hacia ellos. Tenían una especie de uniforme de metal color blanco. Me quedaron mirando con dos enormes ojos  y con señas me indicaban una extraña caja de color amarillo que había en el suelo  al lado de ellos .De repente  desaparecieron , la luz se hizo más tenue  y la melodía del silbido musical se apagó. Miré hacia el cielo y la extraña máquina voladora  empezó a girar y aumentar su velocidad hasta desaparecer en el cielo.

   Avancé curioso hacia la caja amarilla que quedó en el suelo y antes que alguien me sorprendiera por esos lados la tomé con temor y cuidado acomodándola en mi mochila. Sorprendido y todavía asustado tomé el camino de regreso hacia el paradero.

    Un bus lleno de temporeros me llevó hasta un terminal que quedaba  cerca de donde vivo. Bajé y casi corriendo me encaminé a mi casa. Al llegar,  casi a la misma hora que siempre regreso del colegió, saludé a mi mamá y entré casi corriendo a mi dormitorio, dejé mi mochila sobre la cama y con mucho cuidado procedí a abrirla  y a sacar la caja amarilla que me dejaron esos extraños seres.

 Era una caja cuadrada, de un material metálico brillante. La abrí con temor y para sorpresa mía en su interior encontré una témpera de doce colores, un block  grande de dibujo y tres pinceles de diferentes números.

     Para que nadie sospechara nada raro boté la caja a la basura y guardé mi secreto durante días, hasta  que ya decidido le cuento todo a mi madre, que con un dejo de sorpresa me guiña un ojo y me sonríe cariñosamente.

     Solo les pido a ustedes que me guarden el secreto.